Cuatro almoradienses en París

17 de marzo. Cuatro chicas con un gran afán por viajar y unas pizzas. Una bonita y duradera amistad nos unía, pero fueron los ahorros post-vendimias y las ganas de formar parte de una aventura insólita lo que nos impulsó ese día a embarcarnos en lo que sería EL VIAJE de nuestra vida: el Inter-Rail.

Primera decisión a tomar: ir con mesura y con cada uno de nuestros pasos planificados o improvisar por el camino, jugándonoslo todo a una carta y que nuestras madres sufrieran un ictus. Sin ningún tipo de contemplación nos decantamos por la segunda opción. Y tras meses de expectación llegó al gran día. Cuatro macutos cargados de muy poca ropa y muchas latas de conservas. Por alguna extraña razón pensábamos que no había supermercados en Francia. No nos importaba en absoluto lavar nuestros atuendos a diario, ¡cualquier cosa antes que destinar nuestro presupuesto a comida gabacha!

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A los pocos minutos de aterrizar en Chamartin el viaje apuntaba maneras. Todo grupo organizado y responsable se hubiera cerciorado de su día de salida, sí. Pero no, nosotras no. No es porque fuésemos despistadas, que va… Sino porque no queríamos seguir unas premisas y hacer lo que todo el mundo hace. Sea como fuere nuestros billetes de tren estaban fechados para un día más tarde de lo previsto. Sin embargo gracias al factor suerte que nos acompaña pudimos viajar en ese tren pese a no tener billete.

Llegamos a la ciudad del amor un 14 de julio. El patriotismo y la euforia inundaban las calles parisinas. Nosotras, rodeadas de una muchedumbre alborotada, no entendíamos nada pero nos mimetizamos en el ambiente festivo con rapidez. Cualquiera hubiera sabido que llegábamos a Francia el día de la Toma de la Bastilla, pero no, nosotras no. En cualquier caso, gracias a que desembarcamos en París  ese día, pudimos disfrutar de un espectáculo de fuegos artificiales en la Torre Eiffel con banda sonora de Amelie como acompañamiento.

Torre Eiffel

Pero la noche no acaba aquí. Si alguna vez habéis escuchado que es tradición que todo español intento de mochilero duerma bajo la Torre Eiffel a su llegada a París; no hagáis caso, es todo mentira. Pecando de ingenuas, nos asentamos en los jardines con nuestro saco de dormir y con todo el dinero metido en una riñonera, en mi caso de color amarillo chillón obsequio de Correos. Esperábamos ver una multitud de jóvenes turistas acampando, pero no, nuestros compañeros de siesta resultaron ser delincuentes celebrando con cerveza el 14 de julio. Sólo nos quedaba custodiar nuestras riñoneras de propaganda y velar por nuestra seguridad con nuestras armas de destrucción masiva: una navaja y un desodorante de spray.

La base de la torre Eiffel con el Campo de Marte y la Escuela Militar al fondo

Diesel, la campaña de las “pequeñas cosas”

Porque me encanta la publicidad y la moda, porque me fascinan cada una de las colecciones de Diesel, porque soy partidaria de explotar los objetos sencillos y cotidianos… por todo ello dedico uno de mis posts de este blog – uno de los primeros- a esta campaña. Hablar del ambiguo tema de la publicidad planeaba en mi mente desde que comencé con el blog, y aunque la idea inicial era centrarme en Ciudades de Espectáculo, mi pasión por las marcas, la creatividad y el entorno laboral del que me rodeo, me han llevado a cambiar el chip.

Diesel, junto con Pepe Jeans y Urban Outfitters, es una de mis marcas “semi” low-cost preferidas. Aunque su popularidad se deba a sus jeans, Diesel nos ofrece mucho más que eso y cualquier adquisición en complementos será un acierto asegurado. Precisamente son esos nuevos básicos los que roban protagonismo a los vaqueros en la campaña publicitaria de su última colección primavera-verano 2012. Y no es para menos, porque sus bolsos, relojes y zapatos no dejan desapercibido a ningún amante del shopping.

Para su última campaña, bajo el claim Portraits for successful living,  la firma italiana ha apostado por fotografías sencillas y sin elementos superfluos que desvíen la atención del espectador. Pero esa sencillez que caracteriza la campaña no está reñida con la originalidad, frescura y colorido que a su vez desprende. El recurrir a un único objeto para animar el escenario resulta muy acertado y más cuando se trata de elementos cotidianos e inusuales en campañas de moda.

Haciendo uso de huevos, ollas, jaulas, plantas o cajas fuertes, como si del mismo Luis Piedrahita escribiendo monólogos se tratase, Diesel consigue una fotografía creativa, colorida y fresca –adjetivos perfectos para describir la primera-verano- . Sin duda, ¡yo me quedo con las capturas del cactus y la olla express!

                                                                   

¡Feliz fin de semana!