La fauna y los comportamientos que conviven en Facebook a examen

¿Qué fue de nuestra vida sin redes sociales? ¿En qué momento hemos pasado de tomar café con nuestros amigos a simplemente hablar por el grupo de whasapp de los amigos que tienes delante? ¿Cómo se ligaba antes? ¿Un toque al móvil era sinónimo de meter fichas a alguien o simplemente nos habíamos topado con un tacaño que no recargaba su móvil de prepago? Ainss… Aquellos maravillosos años.

Las redes sociales han hecho mucho daño. Si hace algo más de 2 años Mark Zuckerberg revolucionó el mundo del coqueteo y el tira y afloja incorporando “visto” a sus chats de Facebook, la globalización de Whasapp ha supuesto el estallido del ser posesivo que todos llevamos dentro. Y es que como bien dirían nuestros abuelos “Internet es el invento del demonio hermoso”.

En honor al décimo aniversario de Facebook vamos a analizar ciertos comportamientos que se dan en la red social. Dejaremos el vivero oscuro de personas controladoras en el que se ha convertido Whasapp para otra ocasión.

Allá van unas cuantas recomendaciones y/o verdades para los usuarios de Facebook:

  1. Si no soy follower de tu página de Facebook “Accesorios Pepita” es porque los collares hechos con macarrones no me gustan. No insistas y deja de obligar a tu hija a hacer manualidades porque un día de estos llamaré a los servicios sociales. Ni me etiquetes en tus comentarios, ni en tus fotos, ni en tus estados de Facebook, ni en tus estados cuando ni si quiera estás trabajando: “tiempo de relax en la playa, accesorios Pepita echa el cierre por vacaciones”.  ¿Qué he hecho para merecer esto? (aquí iría el mono tapándose los ojos, soy fan absoluta de ese emoticono). Eso sí, si desde “accesorios Pepita” realizáis algún sorteo avisadme.
  2. Si aquella chica a la que te ligaste hace cinco veranos en Ibiza no te ha agregado al Facebook es por algo. Asúmelo ya, el tren paso por tu estación hace cinco años y no quiso hacer una extensa parada. No es que no se conecte asiduamente, ni casualmente tiene el ordenador, la tablet y el móvil estropeados. Tampoco es cierto que se le acaban los megas todos los meses, es que no quiere agregarte y punto.
  3. No te engañes. Si un compañero de clase de la infancia ha tardado diez años en agregarte a la red social a pesar de que vivís en el mismo pueblo y os cruzáis por la calle y ni os saludáis, solo puede deberse a los siguientes motivos:

– Quiere comparar tu fracaso laboral/amoroso con el suyo para subirse la autoestima.

– Sólo te ha agregado para comentar con su mejor amiga cuan alopécico y desmejorado está aquel niño que en un momento fue el guaperas de clase y se permitía el lujo de rechazar citas.

– Quiere pedirte un favor. Probablemente trabajo.

4. Si esa chica que conociste en el festival del Sonorama… Sí, aquella que conociste a las 5 am con el cielo cargado de estrellas y humo de Megatron en el ambiente. Sí, aquella morena ¿No te acuerdas? Ella probablemente tampoco. Bueno, obviemos vuestra mutua carga de alcohol y prosigamos: Si aquella chica a la que acabas de ligarte y a posteriori de agregar al Facebook sube todas sus fotos bajo el efecto de 8 filtros de Instagram es que no es tan guapa como parecía. Con un filtro de blanco y negro todos somos muy guapos, y no lo digo porque al otro lado de la pantalla esté tecleando tu poco objetiva madre. Los filtros hacen milagros y esto es de sabiduría popular. Yo que tú me metería en su perfil, iría a álbumes y analizaría aquellas fotos que no sube ella sino sus amigas. Quizás entonces te replantearías el dejar de beber.

Dicho esto, analizaremos a continuación la fauna que convive en la red social por excelencia como si de la propia Universidad de Wisconsin se tratase. (Un inciso, ¿por qué todos los estudios se hacen allí? y ¿qué tiene de especial la población de esa zona para que sean objetivo de toda estadística que se precie?)

Roles que predominan en Facebook:

  1. El pesado. Aquel que muestra cada detalle insustancial de su vida a través de Facebook, Twitter o Instragram. El hecho de descubrir los hashtags supuso un antes y un después en su vida. No me interesa que sepas hacer algo tan complejo como macarrones, van a estar igual de malos aunque le apliques el filtro Valencia. #instapesado #comprateamigos #nosaturesmitwitter #bullingatuconexióndemegas.
  2. El vanidoso. Un impulso irrefrenable hace que suba a la red social todas las fotos en las que viste sus mejores galas, y las peores, también. Como si de la mismísima  Anita Obregón en pleno posado se tratase, la gente se retrata con esa pose en la playa taaaan poco estudiada. Ya sabemos que estás en la playa por tu estado de Facebook, ya sabemos que vas al gimnasio (también por sus estados)… lo que no sabíamos era que posas metiendo tripa y que el gimnasio está haciendo menos efecto del esperado.
  3. El fiestero. Postea estados de un alto nivel lingüístico tales como “fiestonaco de los gordos en Day One”. Al principio generan cierta envidia entre el resto, quienes cotilleamos sus perfiles un viernes por la noche sentados en el sofá. Después lo que sientes es pena hacia ellos y sale de ti la necesidad de llevarles una parka y un café calentico a la puerta de la Rave.
  4. El Emo a punto de tirarse por la ventana. Odia su vida, odia el entorno que le rodea, odia cualquier canción comercial que alguno de sus amigos publique en Facebook, odia el mundo en general… Es un inconformista nato (o eso se cree él). Sin embargo un día se levanta rebelde y dispuesto a cambiar el sistema y sus imposiciones y decide contarse el pelo a sí mismo o teñirse el flequillo de morado.
  5. La madre orgullosa. Sube fotos de su tripita de embarazada, del hospital, de la primera papilla, del primer pasito, de sus regalos de Navidad… Veo más fotos de sus descendientes que las que he visto de mi misma en toda mi vida. Ahora siento que he nacido en el seno de una familia poco aficionada a la fotografía o que no era lo suficientemente mona como para ser objeto de flashes.
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